Mostrando entradas con la etiqueta Diego Ojeda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diego Ojeda. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de diciembre de 2015

Siempre

Quítate las dudas,
que tenemos la vida a favor
y quiero pasarme la noche
recitando poemas en tu lengua. 

Hoy no me interesa la seguridad
pero me acojona no volver a verte.
Sé que todos necesitamos heridas para estar vivos
pero me he ido ya de tantos sitios, corazón,
que a veces preferiría estar muerto
y alquilarme un piso sin ventanas
en los dos interrogantes de tus ojos.

Te entregué un cuerpo roto de soledad
y me lo devolviste limpio de caricias,
te mostré el catálogo secreto de mis heridas
y me besaste los ojos con tus manos
y justo ahora
que veo las cosas claras si te tengo enfrente,
que tus ojos son los únicos que me salvan de este mundo,
me convertiré en invisible 
y me iré para siempre.

Siempre es hoy, todavía,
y lo que dura un paseo por Madrid
contigo de la mano.
Siempre es una terraza con vistas al cielo,
es bailar borrachos en un piso compartido,
es tirarte al suelo y chuparte el alma,
es pintar con besos las señales de prohibido,
es esperarte
aunque sepa que no soy el único.

Tal vez pasen los meses
y recuerdes lo nuestro
como dos días de lluvia y otoño,
como un romance de libro,
como una inspiración,
o tal vez sea yo quien recuerde 
que huí de tu nombre
porque era un lugar demasiado perfecto,
que amé tus veintiún años
con la misma inocencia que un cinco de enero,
que te entregué mi corazón a mar abierto.

Yo me alejo.
Tú no me olvides.

Y si me echas de menos
no me busques entre sus cosas,
búscame entre tus brazos.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Cuando viajo sin ti

Voy a escribir un poema social
que hable de nosotros,
que ser pareja
no es pintarse en un cuadro
y colgarnos en la pared,
ser pareja
es aprender hablarle a la cara al miedo,
encontrar el valor para mirarse por dentro
para ser mas grande por fuera
y encararse a la vida
sin chaleco antibalas.

Si te quedas a mi lado
no quiero que seamos espectadores
en una vida de bajo coste,
quiero ser el protagonista
de todas tus revoluciones,
escupirle a la cara a los ministros,
insultar al presidente,
lazar piedras contra la corona,
fugarnos del país
después de poner una bomba
en la junta anual de tu empresa
y que hablen de nosotros en los periódicos
y en las puertas de embarque de los aeropuertos.

Mi chica revolucionaria
ya se que desfaso demasiado
cuando no duermo,
pero es que cada día
me gusta menos viajar sin ti
e imaginarte perdiendo el tiempo
en esa oficina de mierda
con vistas a la calle más fea de Madrid,
para llegar a fin de mes
haciendo malavares con mil euros.
Tu y yo no somos de contratos
ni de rutinas indefinidas,
somos más de comer helado de cajeta
a las tres de la mañana
y leer poemas en pelotas
después de corrernos juntos,
pero a veces me duele el mundo
y este puto sistema devorapersonas,
y odio a España
y a los banqueros
y a las compañias telefónicas
y a las áreas
y a los obispos
y a los pedófilos
y a los fachas progresistas del congreso.

Y nada,
que te echo de menos
y voy a despedir 
a mi psicóloga para huir contigo, 



                                                                                                              mi chica revolucionaria.



domingo, 29 de noviembre de 2015

Volverte a ver

Ahora que la vida 
es un laberinto con peldaños,
quiero subirlos contigo de tres en tres.
Y tú sin saberlo.

En realidad esto no es un poema,
es sólo una forma de pensar en ti sin que lo sepas,
de mirarte de cerca sin que me veas,
de colarme por dentro
como las capas de ropa del invierno
para ser la única que no te sobre
cuando entres al metro camino del trabajo
y salga el sol de tu vientre.

Mi corazón es parte de la lluvia
pero no vas a sentir frío 
porque soy un hombre feliz.
Si quieres
podemos hablar de ingeniería forestal,
de los latidos del planeta,
de los viajes que hiciste sin mí a Canarias
 de la hipérbole de un abrazo.

También puedo volver a conocerte cada vez que me esperes
-con la mirada en silencio-
en algún café del centro,
sentada en la mesa del fondo
como si fuera la primera vez.

No sé nada de ti y te conozco.
No tengo derecho,
mucho menos permiso
pero no sabes lo divertido
que puede llegar a ser
pisar charcos con treinta y tantos
y mojarse el alma,
andar ligero de equipaje
porque es la mejor manera de volar sin turbulencias
y mandar un cohete a la luna
con los planes que hicieron por ti,
con la paga extra y el máster,
con el miedo a verse viejo y si pareja.

Encontrarte estaba escrito.
Como si paseas solo por París
escuchando a Damien Rice y llueve.
Conocerte es un peligro
pero aprendí a vivir seguro
sentando al borde del precipicio,
después de sentir con arnés
durante tantos cuerpos
y dormir con una brújula
debajo de la almohada.

Eres un enigma
y a mí me pueden los misterios,
igual que el material de esa pulsera
que baila un tango en tu muñeca
y que solo fue una excusa
para despistar a tus manos,
para atrasar en el reloj de tus ojos
la hora de despedirnos.

Tengo tiempo,
algo de prisa
y poéticamente un problema:
el estúpido deseo de volverte a ver.


Agradezco que existas

No te engañes,
no escupas fuego
hablando de nosotros
y deja de decirme de una puta vez
todo lo que podíamos haber sido
y no somos.

No te engañes, mi vida,
no me eches de menos
si sabes que estoy a tu lado,

que yo siempre estoy aquí
aunque no me veas,
que yo siempre estoy aquí
aunque siempre me esté yendo,
que yo siempre estoy aquí
porque siempre acabo quedándome
y agradezco que existas.

Agradezco que existas
aunque a veces duela,
agradezco que existas,

porque el amor que no quema
no mata
y yo quiero morirme contigo.

Agradezco que existas
porque pusiste todo
donde no había nada,
porque te hice inmensa
y aprendí a amarte
en todas las cosas de este mundo.
Igual que tu me amas
en todas mis versiones,
con todos mis gigantes, 
igual que amaste mi isla,
igual que amaste diciembre
y el sol más ardiente de Mayo.

Así que no te engañes,
que tú y yo encontramos
el misterio de ese lugar
donde no hay ni ayer ni mañana,
y la vida,
nos escogió
como únicos protagonistas
de esta historia.